El enfoque clásico de los grupos operativos pone el acento en
la unidad entre intervención e investigación. Así
en la
medida en que -por medio de la intervención de la coordinación-
se esclarecen las determinaciones mas
inconscientes del proceder grupal se tiene acceso a material suplementario
que da cuenta de sus procesos y de la
manera en como ellos se encuentran determinados. La investigación
es de la casualidad es de aquello que produce
el movimiento grupal es del devenir del presente con miras a lograr
su control o modificación en un cambio diferente
previsto, planificado. En todo caso también es de la repetición
del cambio mecánico de la imposibilidad de cambiar.
En esta perspectiva el equipo coordinador cuenta con los instrumentos
técnicos que posibilitan ese acercamiento
(según el modelo de un telefoto) y ver mas alla de lo que el
grupo esta en posibilidades de ver en ese momento. No
escapa a esta visión las aportaciones de Goldmman quien con
sus conceptualizaciones sobre la conciencia real y
sobre la conciencia posible establece parámetros para determinar
que es posible ver por parte del grupo. No en vano
también la supervisión técnica alude a ese ver
mas alla de lo que el equipo técnico esta en situación de
visualizar en
ese momento.
Sostengo que este enfoque debe ser repensado por mutiples razones a saber:
1) La posibilidad de ver del equipo coordinador esta determinada
por su verticalidad. Es extraño que este punto de la
verticalidad de la coordinación no haya merecido atención
especial en la bibliografía pichoniana. Siempre se habla de
la verticalidad de los miembros, de su conjunción con una horizontalidad
donde determinada emergencia autoriza un
nexo con lo inconsciente que debe ser decodificado. Siempre se pone
el énfasis en las verticalidades paralelas y las
determinaciones de ellas para lograr un asiento en la horizontalidad
-indiscriminada por momentos- del devenir
grupal. Y es casualmente en esa verticalidad de la coordinación
que pueden descubrirse sus obstáculos . Aquellos
que tiene que ver con la paternidad técnica, con las identificaciones,
y, sobre todo, con sus inserciones
institucionales, en primer lugar su familia. Vale decir, las difucultades
del proceso de esclarecimiento grupal pasaran
irremediablemente por el rol fijo de la coordinación y esta
visión mas abarcativa, entrenada especialmente, supone
también un entrenamiento en el no ver a partir del rechazo de
determinadas teorías, marcos referenciales, ideologías
compartidas o no y afiliación mas a menos consciente a un imaginario
social y a un modo de producción que lo
determina; sino totalmente, al menos en parte. Sostengo entonces que
esa verticalidad no es mas que un nuevo lugar
de desconocimiento de las determinaciones sociales que la coordinación
por su verticalidad no están en condiciones
de visualizar.
2) La paradoja estalla sistematicamente en todos los grupos,
porque para saber sobre el grupo, se supone que ha y
que preguntarle a la coordinación. Es ese el lugar indicado
para detectar un saber imbuido de una cierta magia -diría
Levi-Strauss- que le confiere un particular poder sobre el saber: seleccionar,
buscar el 'timing', formular la
intervención, evaluar su forma y grado de elaboración,
etc. Ahora bien, Como se puede saber sobre la coordinación
en el proceso grupal?. De que manera es posible aproximarse a lo que
ocurre en ese rol tan difícilmente apagado o
en erupción en momentos insospechados? Colocarse donde el paciente
menos lo espera, decía Freud. En todo
caso, sobre la relación del coordinador con el grupo opina el
observador, en esa función; pero ello no desmarca al
observador del mismo lugar de enclaustramiento en que esta el coordinador:
el observador también esta implicado en
el proceso. Por tanto salo puede saber de la coordinación el
grupo. E1 caso es de que pueda manifestar ese saber,
que pueda ser escuchado, que tenga acceso a un espacio grupal donde
su participación opere también un
esclarecimiento grupal, en sentido amplio, incluyendo a la coordinación.
Esto tiene consecuencias imprevisibles, ya
que habría que repensar el problema del dispositivo con toda
sus implicancias. Un dispositivo al servicio de un
investigación viciada desde el inicio.
3) Si de investigación se trata conviene preguntarse
quien investiga en el grupo. Se ha afirmado que el proceso grupal
es esclarecido por la coordinación, se supone. También
podría pensarse el opuesto; que es el propio grupo que se
esclarece o se analiza a si mismo, como decía Foulkes, para
lo cual habría que comprender las intervenciones de la
coordinación en términos de expresiones mas o menos verbales
con pretensiones -tal vez delirantes- de asumir un
particular saber sobre el grupo. De que se trata entonces?. De pensar
que la coordinación esta mucho mas 'metida'
dentro del grupo de lo que siempre hemos creído y considerado;
es mas, se debe poder dilucidar si la calidad de su
saber no es expresión de la implicación que su verticalidad
le determina. Disolución del rol?. sin condiciones?.
4) El requerimiento de un rol técnico se justifica
por si mismo: E1 grupo necesita que exista un lugar de donde pueda
ser asesorado. En todo caso, la necesidad del rol técnico no
debe condicionar la verticalidad de la coordinación. La
ilusión es cuartiva; en base al supuesto saber de ese lugar
es que el grupo funcionara. Esto parece bastante obvio.
Lo que no resulta tan sencillo de entender es aquello que hace al imaginario
de la coordinación, a ese lugar asumido
desde donde se entiende que la lectura es posible, lectura que rechaza
toda cuestión sobre el saber de la
coordinación emanada del grupo. Lectura que se constituye en
el mejor de los casos, en un emergente mas del
proceso grupal, de ninguna manera en la 'lectura'. A mi modo de ver
esto implica una serie de cuestiones técnicas
que deben ser comentadas.
a) La formulación de la intervención en términos de interpretación (desde el mas alla) genera por un lado
incomprensión para los no iniciados y rechazo. Cuando se trabaja con algunos sectores de culturas diferentes, la
intervención analítica, en su formulación clásica (véase Gear y Liendo) genera desconcierto. Nadie sabe de que habla el coordinador, mas alla de que haya dado cuenta o no de las ansiedades básicas y haya manejado un lenguaje
accesible a lo grupal. Sin embargo, su construcción alude a una traducción donde en muchos casos no se puede ver
la conexión. A su vez, la actitud que caracteriza al visionario lo desplaza fuera del grupo y genera en la coordinación el tener que recurrir a actitudes de seducción, chistes o al aislamiento (tómenlo o déjenlo, me vale) como una forma de ser incluido, en las ultimas.b) Si la mejor intervención es aquella que no hay que no hacer, también la mejor interpretación es aquella que cuando se hace no se parece en nada a una interpretación. Dicho en otros términos, porque no pensar el comentario de la coordinación de manera que hilvane el discurso grupal y que no lo corte. Porque no intervenir desde el grupo y no desde fuera de el. Porque no incluirse en términos de un sobrino mas del pato Donald, completando una parte del
discurso, en lugar de hablar desde el pato Donald.c) Suponer que el grupo se analiza y se operativiza a si mismo, es poder colocarse uno mismo en el grupo y pensar
la intervención personal (desde el rol del coordinador) interrogando al grupo sobre la propia verticalidad, la que podría
ser puesta de manifiesto. Esto no supone hablar de uno en términos históricos, sino abrir a asociaciones que podrían
en todo caso esclarecer núcleos de problemática donde el propio coordinador aparece amarrado a la tarea latente.
Es conocida la mención de Pichon a la doble alternativa del coordinador:
intervenir es para señalar o interpretar, lo
cual alude a un modelo clásico dentro del psicoanálisis.
Anzieu no deja de interrogarse sobre la pertinencia de la
interpretación en situaciones de enseñanza. Su conclusión
jerarquiza la interpretación por varias razones: La
necesidad de esclarecer la transferencia, la necesidad de actuar sobre
los fundamentos inconscientes de la
enseñanza que permite o impide comprender el problema de que
el inconsciente se manifieste en todas partes.
Por otro lado la manera en como la interpretación es formulada
toca directamente las conclusiones de Ezriel
privilegiando el 'aqui y ahora' en toda situación grupal, y,
agregamos, con mayor razón en las situaciones de los
grupos de aprendizaje y de esclarecimiento.
Los instrumentos de la coordinación se reducen a introducir una
visión jerarquizada en la horizontalidad grupal. Ahora
bien, la intervención debe ser dirigida a esclarecer algún
aspecto de la tarea a la que el grupo se aboca; en el decir de
Pichón, poder dar cuenta de las resistencias frente al aprendizaje,
apuntar al obstáculo epistemofilico, destacando las
ansiedades implícitas en el proceso. Si hablamos de tarea conviene
detenerse un instante para reflexionar acerca de
su implicancia, vale decir, establecer las diferencias con otras formas
clásicas, analíticas, de coordinación grupal. Y
he aquí que Pichón introduce una importante innovación.
Hacer girar el grupo en torno a la TAREA es poner el énfasis
de la estructura grupal en función del trabajo, delimitar la
dinámica a partir de las necesidades de la producción: Una
visión materialista del grupo. La tarea se convierte entonces,
en el decir de los institucionalistas, en el agente
provocador, por cuanto genera sin mas una situación de desafío:
su abordaje requiere de una fuerte conmoción
grupal. Ya no se trata del divague grupal sobre el que se esclarece
un sentido latente; ya no se trata de descubrir una
emocionalidad producida por el ente grupal a efecto de resonancia,
rebote, anotación en determinada fantasía
propuesta.
Menos aun de lograr una conjunción de aparatos psíquicos,
al margen de sus determinantes sociales. Pichon insiste
una y otra vez en el Factor Aglutinante, convocante, de liderazgo que
la tarea presenta: el grupo se reúne en torno a
un trabajo del psicoanálisis del cual la conciencia poco puede
dar cuenta. Discriminar si el grupo esta o no en tarea
se convierte así en un encargo prioritario, tarea que el grupo
asume en tanto compromiso compartido de realizarla.
En el mas puro sentido freudiano, Pichon parte de la superficie psíquica,
de la conciencia, evitando como otros
contemporaneos, dar cuenta de niveles profundos de una manera hasta
salvaje.
En este marco, la coordinación se justifica por cuanto su cometido
tiene que ver con una eficacia real: mostrar al
grupo sus dificultades de frente al abordaje, incorporar paulatinamente
diversos aspectos que van quedando raleados
por los procesos disociativos grupales, confrontar al grupo con su
producción y mostrar su ECRO en operación el
que daría cuenta de las posibilidades e imposibilidades de su
accionar.
Por ello, si de la tarea se trata, no queda mas que interrogarse sobre
la misma, abrir una y otra vez el
cuestionamiento de una acción que se desmenuza y la integra
en un juego dialéctico permanente de metabolizacion y
de producción . Sotenemos, por tanto, la tesis de que para Pichon
la intervención del coordinador constituye el
interrogante que emerge del proceso grupal. Mas alla de la manera en
que se la formula (y habría que discutir si la
forma no podría ser invalidante de su espíritu), la intervención
constituye el emergente grupal critico, que problematiza
la conclusión grupal: en el fondo no puede dejar de ser una
pregunta sobre el como, el para que, el porque, el cuando,
etc.
Esto no quiere decir que la coordinación es la única que
puede hacer preguntas, en todo caso es una pregunta desde
el sitio del 'preguntón' que por constituirse como tal, reniega
de su lugar del saber, lo que no implica que un imaginario
grupal le confiera dicho saber por saber, casualmente y contradictoriamente
por saber plantear la pregunta. Es la
pregunta que destruye el concreto pensado, que aborda una reestructuracion
del mismo sin dejar de generar cierta
confusión grupal, ya que se demuestra de que forma la conclusión
previa a la que se arribo no es otra cosa que un
fenómeno ilusiorio. 'Cada vez que interviene el coordinador
nos hacemos bolas', da cuenta del desconcierto
producido por una intervención que ha abierto mas preguntas
de las que ha cerrado. Por tanto, no se trata de explicar
nada, menos se trata de construir linealmente; la construcción
no puede ser mas que un efecto de diferenciación
apuntalada por una determinada resaca grupal, efecto de una desilusion
producida. Preguntarse por la tarea, aludir a
cierta desintoxicación eficientista, sumirse con el grupo en
las profundidades de un desconocimiento que se amplia
una y otra vez. 'Salto al vacío o desarrollar el arte de no
comprender'. Porque este pensar y sentir en el grupo y con el
grupo la coordinación no puede interrogarse de afuera, en todo
caso, si de un emergente se trata es porque su
verticalidad resulta congruente con el momento grupal. A mi juicio,
esta virtud pichoniana de descentrar la
transferencia, la horizontaliza a la coordinación: el imaginario
no es una cuestión del narcisismo de un individuo que
sufre delirio de autorreferencia, es un problema de accionar y de descubrir
hasta que punto todos se involucran en la
producción y de que manera las relaciones de producción
pueden ser modificadas.
Anzieu, D.: El monitor y su función interpretante, trabajo psicoanalítico en los grupos, Siglo XXI, México, 1978.
Ezriel, H.: Notas sobre la terapia psicoanalítica de grupo: Interpretación
e investigación, dinámica de grupo y
psicoanálisis de grupo, Limusa, México, 1978.
Foladori H.: Una experiencia didáctica grupal: Entrenamiento
en entrevista abierta, 'Expresión Universitaria', N° 3,
UAEM, Cuernavaca, 1984.
Foladori H.: Hacia una teoría de lo emergente en grupo operativo, 'Ilusión Grupal', N° 3, UAEM, Cuernavaca, 1990.
Frydlewsky, L. & Pavlovsky, E.: Sobre dos formas de comprender del coordinador, 'Lo grupal', N° 1, Búsqueda, Buenos Aires, 1983.
Gear, M. C. & Liendo, E.: 'Psicoterapia estructural de la pareja y del grupo familiar', Nueva Visión, Buenos Aires, 1974.
Goldmann, L.: Las ciencias humanas y la filosofía, Nueva Visión, Buenos Aires, 1978.
Kesselman, H., Pavlovsky E., & Frydlevsky, L.: 'Las escenas temidas
del coordinador de grupos', Fundamentos,
Madrid, 1978.